
Y aquí os escribo la segunda parte del poema que empecé la semana pasada.
EL DÍA DEL LIBRO (SEGUNDA PARTE)
Me has dicho que acabas de llegar
y la sangre fluye hacia mi hueco anhelante.
Me has dicho que vas a tomar un baño
y la vida levanta mis pies planos.
Me dices, me besas, me esperas,
me amas cada día, cada noche me sueñas,
me das la vuelta, me vives,
me abrazas con cada piel, con cada ojo, con cada pelo.
Los años pasan en grupos de uno,
llenos de oxígeno, de agua salada, de cristal de colores;
los meses trepan sobre nuestras espaldas,
vistiendo nuestra eterna desnudez;
las semanas transpiran una montaña rusa
de manos que se mueven y ojos que parpadean;
los días se agolpan atascando las ventanas
que miran a ambos lados del mar;
las horas se deslizan gota a gota
sobre mis vasos con alka seltzer;
los minutos nos sonríen desde una foto
como si fuéramos nosotros mismos;
los segundos galopan en la arena
que nos ha visto hacernos viejos.
Quédate aquí,
en cualquier sitio que sea aquí,
que es cualquier sitio
en el que tú estés,
y así mientras yo no esté contigo
siempre estaré allí, en otro sitio,
pues tú eres el hogar.
Tú eres el ahora, el siempre,
el esto, el quién, el yo,
el poder, la siesta, el desperezo,
la lotería, la sábana, el avión,
la taza, la mano, la endorfina,
la piel, la mermelada, el zapato,
la hierba dulce, el agua, Roma,
el libro, el día,
y el día del libro seremos una historia viva,
palpitante, que llena su espacio infinito
con tiempo para todo.
Si esto es un año,
no quiero ni pocos ni muchos.
Los quiero todos.
Todos contigo.
(Foto: survizion.com)
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