
El rincón que os traigo hoy es un inesperado pueblecito (turístico, eso sí) en las montañas del sur de Brasil. Digo inesperado porque su estética es completamente suiza, y de hecho una de las especialidades que sirven en sus restaurantes en invierno es la fondue, y su industria más floreciente, el chocolate. Es difícil de imaginar cómo el mismo país que en nuestra mente está lleno de palmeras, playas tropicales, frutas y samba pueda albergar esta especie de oasis lleno de iglesias de piedra, nombres centroeuropeos y jardines de hortensias. Pero la verdad es que Brasil es un país muy grande, y yo, que he tenido la suerte de experimentar este pueblo en pleno invierno, doy fe de que las temperaturas no son quizá como las de Suiza en Enero, pero sí como las de Francia.
Y además se encuentra en el corazón de la cultura gaucha brasileña, así que es muy fácil degustar mate y churrasco o comprar preciosos ponchos. Casi nada.
(foto: marcelogimenez.tur.ar)
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