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jueves, 10 de noviembre de 2016

El Monguer de la semana 23/10/16: Yo


No es la primera vez que me adjudico a mí mismo este galardón. De hecho, ahora que lo pienso, solo la Cospedal y yo tenemos ese honor (qué honor...); en cualquier caso, a veces no hay más remedio que admitir que uno se ha equivocado.

Yo soy un Monguer esta semana. Soy inocente, cándido, estúpido. Y lo soy porque de verdad he pasado mucho tiempo confiando en la humildad y honestidad de las personas. He asumido que después de ver cómo mi país se sumía en una horrible crisis económica, social y humanitaria, los españoles abrirían sus ojos y sus manos al cambio, por una vez en su vida serían valientes y saltarían hacia lo nuevo, hacia lo distinto, huyendo de lo que ya tantas veces ha demostrado ser incorrecto e inmoral. Pensaba que mis compatriotas no aceptarían ser gobernados por un partido imputado por corrupción, no aceptarían a un partido que niega la reconciliación de las víctimas de una dictadura con sus antepasados asesinados a tiros en una cuneta. Asumía que, si los dos partidos principales habían demostrado con creces y durante mucho tiempo que habían perdido el rumbo de la democracia y de la libertad, las personas a mi alrededor tendrían más ganas de ser felices que miedo a cambiar. Pensaba que era absurdo y egoísta que muchos catalanes se sintieran avergonzados de pertenecer a mi país, y orgullosos e ilusionados de crear una nacionalidad nueva y distinta a ésta ya tan gastada, un patriotismo lógico y diferente de éste tan roto y falta de moral y contenido que tenemos en España.

Suponía que, en un país con una de las tradiciones democráticas más antiguas, como es el Reino Unido, no contemplarían con demasiado ahínco la opción de abandonar la Unión Europea con la simple, simplísima excusa de estar más protegidos frente a la entrada de extranjeros. El odio y el miedo a lo que es diferente es el más sencillo y a la vez más miserable y mezquino de todos los instintos humanos.

Pensaba que, después de asistir a las increíbles barbaridades que salían de la boca del rey Trump I de Estados Unidos, los americanos tendrían claro, de una forma ostensible, que la total falta de ética  y educación debe suponer un obstáculo insalvable a la hora de convertirse en presidente, y que así lo expresarían.

Me equivocaba con los españoles. Me equivocaba con los británicos. Me equivocaba con los americanos. No con todos, pero al parecer con la mayoría. Me he equivocado tanto en este sentido que a veces me siento un absoluto Monguer, en toda la extensión de su significado.

Me equivocaba porque pensaba que la gente que puebla este planeta, en algún momento, después de recibir una educación ecuánime, coherente, diversa y democrática, tendría claro lo que está bien y lo que está mal. Me equivocaba al pensar que las personas son tan buenas como expresan en sus opiniones, y que esas mismas opiniones se materializarían en forma de votos. Me equivocaba: más de la mitad de los españoles, más de la mitad de los británicos y más de la mitad de los americanos votan expresando una opinión que no se atreverían a afirmar en público. Porque no les gusta. No les gusta su propia opinión. Saben que está mal. 

El mundo está lleno de miedo. Miedo al cambio, a los extranjeros, a las mujeres, a los que son de otra raza; miedo a la libertad, miedo a la felicidad. Miedo a compartir, miedo a sentir, miedo a aprender, miedo a viajar, miedo a amar. El mundo está también lleno de cosas y personas maravillosas, por supuesto, pero aquí, y ahora, lo que siento en lo más profundo de mi corazón es que el mundo está lleno de cobardes.

miércoles, 25 de febrero de 2015

El Monguer de la semana 22/2/15: Yo


Tenía que pasar tarde o temprano. Tanto tiempo haciéndome el chulito y pretendiendo saber de todo tenían que pasarme factura. Damos y caballeras, en el  Monguer de la semana del 8 de febrero me apresuré, con los dientes rechinando y relamiéndome con el sabor de mi propia autosuficiencia, a "monguear" a Roberto García de la Calera, en parte porque había leído un artículo de una persona que cometió el mismo error de interpretación que yo, y en parte porque soy imbécil. 

Yo, que me jacto de ser ironic-man, no capté la evidente ironía de un artículo que el señor García de la Calera escribió en contra del concepto de enseñanza concertada, concepto que, por cierto yo tampoco acabo de entender, lo cual magnifica aun más mi tontuna. Decidí investigar un poco por internet, porque la verdad es que los supuestos comentarios me parecían demasiado brutales, lo cual ya me debería haber puesto sobre aviso, pero ¡cuán fácil es caer en las redes del sensacionalismo, amiguitos!

Pocos días después una amiga y ex-compañera, profesora como yo, posteó el mismo artículo en whatsapp pero, como ella es normal, pues entendió enseguida la ironía, y dijo "mirad que artículo más bueno de un profe criticando la enseñanza concertada". En ese momento me sentí enrojecer más de lo habitual, y supe en un instante el nombre del próximo Monguer de la semana.

No voy a decir "fue un comentario desafortunado", igual que nunca diría "alcaldable", "ucranios", "israelís" o "utilización torticera de la justicia". No me gusta ese lenguaja en vogue, pero tampoco el que utilicé en dicho artículo, no por el contenido de lo escrito, sino por las bases, falsas, en las que lo sustenté.

Así que, desde aquí, mis más sinceras disculpas a Roberto García de la Calera. Usted obró bien y yo mal. Espero que, al menos pueda poner mi falta de profesionalidad periodística en mi curriculum si algún día pido trabajo en el diario La Razón.

(Foto: elperiodicoextremadura.com)